
Hace un tiempo, una de esas adivinas que lee cartas me dijo: "tú gran defecto es que le das prioridad a aquellos que no te la dan a ti, siendo injusta con quienes hacen lo contrario". Debo confesar, que como siempre soy un poco escéptica con este tipo de situaciones estaba más pendiente de las figuritas de las cartas, que de lo que ella me decía.
Algún impacto debió tener en mí, porque a pesar de que este hecho ocurrió hace aproximadamente 16 años, esa frase no se me olvido y, lo que es peor creo que tenía razón y la tendría hoy por hoy.
Y sí, cuando reviso, me doy cuenta que por satisfacción personal me gusta que la gente pueda contar conmigo, me alimenta el alma pensar que puedo ser desinteresada y que las cosas que hago tienen una recompensa personal, el simple hecho de saber que hice lo correcto o ayude a quien lo necesitaba.
¿Cuál podría ser el problema con esto? aparentemente ninguno, pero creo que dos cosas hacen ruido dentro de mi cabeza, la primera que muchas veces por "atender" las solicitudes de Raymundo y todo el mundo, dejo de lado las solicitudes de aquellos que siempre tienen un SI PUEDO para mí. Y la segunda y más importante, dejo de lado mis propias solicitudes y necesidades.
Y no es que ser solidario, buen amigo, buen hermano, buen hijo, buena esposa, buena madre, sea una carga, porque no lo es, pero con el inicio del año nuevo tengo ganas como de, primero, reconocer a aquellos que de verdad siempre me han tomado como una prioridad en todo momento (y espero, que no sé si las pocas personas que conforman este grupo se reconozcan, pero espero que además de mi esposo, una más lo haga) y segundo (y otra vez más importante) quiero ser mi prioridad, llenar mi vida, mis momentos y mis espacios de todo aquello que me hace feliz, por simple y sencillo que parezca.
Este año la prioridad soy yo, y después de 35 años no me parece tan jalado de los pelos.
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