
Si yo aun no fuera madre, escribir estas líneas serian mas fácil, es más creo que ni siquiera pensaría en tener este desahogo, porque antes de Mariana pensaba como hija, y cuando solo somos hijos nuestras visión del mundo es muy limitada. Vemos solo lo que nos importa a nosotros sin tomar muchas veces lo que puedan sentir ustedes, los padres.
Hace tres años hubiese pensado que la decisión de irnos del país era algo que ustedes tenían que entender y aupar, sin dramas y sin lágrimas porque por ahí dicen que los padres quieren lo mejor para sus hijos, y ustedes siempre han dicho que quieren lo mejor para mí y para Fidel. Después de Mariana entiendo, que uno quiere lo mejor para los hijos, pero quisiera siempre que lo mejor no estuviera en algunos casos, tan lejos de uno.
Quiero agradecerles el silencio y el apoyo, mamá cuando creo que tu sabiduría llego al limite, me sorprendes una vez mas con esa frase que me dijiste: “mi amor yo no te críe para mi, te críe para que hicieras tu vida” y sé que te estas tragando todo lo que sientes, para que yo me sienta mejor. Papá me has dicho que es una buena oportunidad, pero yo siempre he visto a través de tus lentes, y cuando lo dices no me miras fijamente a los ojos, sino que desvías la mirada. Y yo trato de no encontrarme con toda la emoción que me produce el estar separada de ustedes.
Empacar ha sido la parte complicada del asunto porque esta es la fecha que no he recogido ni un alfiler, pero en la maleta de mi alma he empacado algunas cosas y quería revisarla con ustedes, por favor si se me queda algo, envíenmelo con Papá Dios.
Ma, ya empaque un poquito de tu valor, el que tuviste cuando el abuelo murió y tú decidiste ocuparte de la abuela y tus hermanos y salir como siempre dices a “enfrentarte al mundo” tú lo hiciste a los 13, ojalá me sirva a mi a los 34. También envase tu olor, ese que desprende del cuello cuando yo lloro y te necesito, me llevo las recetas, pero no sé si pueda llevarme tu sazón, la has resguardado casi como lo has hecho con nosotros. La sabiduría que tienes, hace poco alguien me dijo que la llevo conmigo impresa en el alma, y debe ser cierto, porque tu voz resuena en mi cabeza cuando algo no me cuadra y me ayuda a tomar las mejores decisiones para mi vida.
No se me ha olvidado las cosas que me has repetido cada día, ya sé que tengo que dar los buenos días siempre, saludar y preguntar por los demás, no salir mal encarada de la casa, porque nadie tiene la culpa de mis problemas y darle una mirada de alegría al mundo, debo agradecer todas las mañanas por el sol que Dios no regala, y por la lluvia. No se me va a olvidar rezar en las noches, y dar gracias por mi papá, mis hermanos, mi esposo y mi hija, y aunque nunca me has pedido que rece por ti, siempre lo hago. No voy a tener miedo y tratare de no llorar por tonterías, aunque no te lo prometo.
Pa, me llevo un poco del buen humor de las mañanas (sobre todo el de los lunes) y trataré de silbar alegres canciones mientras me visto, tu honestidad para todas mis acciones, tu firmeza y comprensión, y un lote de tu paciencia, me llevo el habito de la lectura y espero que Mariana este dispuesta a leer un buen libro una tarde de domingo. Ya mi cuerpo tiene almacenado la fuerza de tus brazos, los mismos que me han sostenido y donde me he apoyado durante toda mi vida, me llevo todos tus besos y tus chiste para reírme de las cosas que me pasen.
También me quedo con aquellos dos refranes que siempre me dijiste, desde que tenía uso de razón, y que con la edad fui entendiendo. Cuando por ejemplo yo te decía: “papá es que yo pensaba que…” y tu escuchabas y luego con amor respondías: “hija, una cosa es lo que piensa el burro y otro el que lo arrea” y, cuando por una malcriadez decidía ignorarte o no hablarte, me mirabas y me decías, con tu tono paciente: “ más pierde el venado, que quien lo tira” . Como que me llamo Rosnel que algún día se los diré a Mariana.
A ustedes les dejo, lo mejor de mis 34 años, las alegrías, los días de playa, los helados, toda mi infancia almacenada en una sola sonrisa, el agradecimiento eterno de haber sido mis padres, les agradezco por haberme dicho que no cuando yo pensaba que era si (otra vez el refrán del burro) , por los castigos cuando desobedecía, por no darme la razón en todo y por no consentirme la flojera ni el miedo, por darme cuatro hermanos maravillosos, por amarme cuando menos lo merecía pero más lo necesitaba, por no haber ignorado ni una sola de mis cosas, por haberme hablado con la verdad y enseñarme a rechazar la mentira.
Espero que siempre a pesar de las cosas que hemos vividos, las peleas, las separaciones, las palabras duras que entre todos nos hemos dicho, los dolores de cabeza, y demás vicisitudes que hemos enfrentado, se sienta orgullosos de la familia que formaron, de los hijos que criaron y de lo que sembraron en esta tierra, un gran bosque de Madera Fina. Los amo con todo mi corazón.
Bendición!
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