martes, 21 de septiembre de 2010

Las comidas inolvidables de mi vida.

Hace siete años, cuando una de mis amiga estudiaba en Barcelona, una revista dominical publicó una lista de comidas imperdibles en Venezuela, alguien se la hizo llegar por correo y la nostalgia la hizo crear su propia lista y enviarla por correo a sus amigas mas cercanas.

Para entonces, yo aun no cocinaba, es obvio que en su lista no había nada elaborado por mi. Así que en aquel momento decidí crear una lista de comidas y momentos relacionado con ellas y nuestras otras dos amigas, he guardado ese correo todo este tiempo, quise transcribir esa lista y agregarle un poco mas de estos años, de comidas y momentos con ellas y de comidas y momentos con otras personas. Aquí voy.

- El pavo de mi mamá, en general toda su comida.
- La carne molida de la mamá de Cotto.
- La Chalupa de la mamá de Andre.
- El arroz con leche de la mamá de Fede. El único que como.
- El fondue de queso de Andre. En general toda su comida.
- La torta de zanahoria de Fede.
- Las invitadas a comer de Cotto.
- Los heladitos de Sabana Grande esperando para concursar en la Soda de la Noche.
- Los tragos de tequila, al salir de la universidad.
- Los cachitos de la panadería de la Tahona, cuando amanecíamos estudiando estadísticas.
- Las arepas despues de la rumba en Triboo.
- El vino o cualquier bebida espirituosa cuando un hombre nos decepcionaba.
- Las vodkas brindadas en Triboo por algún levante de momento.
- El trago llamado "El Capitán" que se tomo Andre, la primera vez que salimos juntas a rumbear.
- Las cervezas los miércoles en el León.
- Las cervezas del primer concierto de Ricardo Arjona.
- Las cenas en casa del papá de Andre.
- Los pancitos hechos por la mamá de Fede, cuando íbamos temprano a estudiar estadísticas.
- La cena en el Brasero, cuando pasamos estadística.
- Las crepes de Mondo Cafe, cuando eximimos sociologia.
- Los tragos de nuestra graduación.
- Los pasapalos de la graduación de Fede.
- La Moet de cuando Andre se comprometió. (Hasta aquí llega la lista original)
- Los burritos de las primeras salidas con Fidel.
- El salmón del matrimonio de Andre.
- Los almuerzos con Cotto al salir del colegio.
- La meriendas con Claudia al salir del postgrado (escapadas)
- El dulcito de tamarindo que me estaba comiendo, mientras Fidel me decía que quería pasar el resto de su vida conmigo.
- El desayuno en la cama de nuestra primera mañana como esposos.
- El risotto de champiñones de Fede. (y la torta de zanahoria)
- Las cachapas, las empanadas y los plátanos dulces de Fidel.
- La pasta con tomate, la tortilla de papas y las ensaladas de Caro
- La sopa de cebolla de mi suegro.
- La ensalada de gallina de mi suegra.
- La cena de mi graduación de postgrado.
- Los nachos de Dennys, en Orlando.
- El arroz con fideito y los tostones de Mercedes.
- Un tecito verde en Starbucks, con Amelia.
- Las tortas heladas que compraba con Marila.
- La pizza que comi con mi bro, un día antes de casarme.
- Mi torta marmoleada.
- Las hallacas que hago con mis amigas todos los años.
- Las comidas recalentadas el 25 de diciembre y el 1 de enero.
- Las arepas de la mamá de Lisette.
- Las empanadas de cazón en Conejero.
- El heladito de avellana con Andre en Bogotá.
- Los almuerzos con mi hermana Rina, todos los martes desde que Mariana nació.
- El pescado frito en cayo Sombrero.

Cuando terminé la primera lista hace siete años, les dije a las destinatarias, que estaba segura que esa lista continuaría, y heme aquí, cada momento una comida para conmemorarlo, y nuevas personas para compartir, y es que así celebramos cada cosas que nos pasa, aunque estemos a dieta, nuestro espíritu jamas lo estará.
Continuará...






sábado, 11 de septiembre de 2010

Amor a la carta

Hace unos meses atrás, una vieja amiga publicó en twitter que había estado haciendo unas galletas y le quedaron duras, como ya se ha vuelto costumbre entre nosotras aproveché para burlarme de ella, y entre burla y burla me entere que su bebé es alérgico al huevo, pero ama las galletas y mi amiga, había estado buscando recetas de galletas sin huevo para complacerlo, tarea nada sencilla.

Me encanta cocinar, lo disfruto, me relaja, me parece arte, alquimia, ver una cebolla caramelizar, perderme en el olor de un sofrito criollo (para que sea criollo debe tener ají dulce, como dijo alguna vez Sumito Estevez Venezuela huele a ají dulce), dejarme tentar por la cremosidad del chocolate cuando se derrite en baño de María, mmmm, se me hace agua la boca, se despiertan todos mis sentidos. Así que creo que nadie debe privarse de comer lo que le gusta.

Como soy súper metiche me dediqué a buscar recetas de galletas sin huevos, es lo que haría por mi hija, es lo que mamá hubiese hecho por mi, ese pensamiento me conecto con un recuerdo de mi infancia, mi mamá, con su pañuelito en la cabeza y su delantal, parada frente a su cocina, cantando, mientras yo sentada afuera, bien lejos de la candela, la observaba y le conversaba, a veces simplemente escuchaba como ella cantaba. Pensar en eso me trae nostalgia, porque es de lo primeros recuerdos que tengo, siempre estábamos ella y yo, porque mis hermanos estaban en el colegio.

Cuando ya tuve edad para ir y regresar sola del colegio, allí estaba ella, impregnado la casa con el olor de su comida, con el olor de su esmero y dedicación, de su consentidera, a mi bro y a mi no nos gustaba la pasta verde, pero al resto de los hermanos y a papá sí, y mi mamá hacia dos tipos de pastas, porque nada le costaba, y porque mucho amor le sobraba.

Al igual que el chef Gusteau en la película Ratatouille estoy de acuerdo con la afirmación de que cualquiera puede cocinar, yo le agregaría cualquiera que quiera servir a otro puede cocinar, los principales ingredientes son el amor y la disposición, lo demás esta en una receta. Del lado del comensal funcionan la sensación y la percepción, como se nota en la misma película cuando el critico Ego prueba el plato de Ratatouille, automáticamente se transporta a lo que ese sabor significa, recuerdo, cariño, amor de mamá. Todos tenemos historias similares a Ego, solo hay que buscar en los recuerdos de nuestra infancia, en los sabores de la adolescencia, en los gusto del adulto.

Todas las comidas memorables de mi vida estan asociadas con un momento especial, siempre hay una historia de consentimiento, una persona que exige y otra que esta dispuesta a servir. "Mamita, puedes hacerme una torta" y mi mamá interrumpia su siesta, para ir a hacer una torta rápida y sencilla, pero que aun hoy en día me sabe a gloria, aunque haya comido postres muy elaborado, ninguno es como esa torta, hecha por mamita una tarde de mi infancia.

Así que cuando pienso en Simón, el hijo de mi amiga, hecho un hombre, no sé si recuerde que las galletas de su mamá eran duras, creo que siempre recordará que comió muchas galletas, que junto a ella se divirtió mucho cocinando, porque a su mamá nada la detuvo, porque se esmeró, y no desistió en hacerlas, buscando una receta que lo complaciera. Ese olor y ese recuerdo lo llevará a su infancia, al lugar más seguro de su niñez, al amor de su mamá una tarde cualquiera.