sábado, 1 de septiembre de 2012

Un año después...


  



 "Bueno lo que les estaba diciendo es que cuesta mucho ser auténtica señora. 
Y en estas cosas no hay que ser rácana... 
porque una es más auténtica cuanto más se parezca a lo que ha soñado de sí misma"   (La Agrado).  Todo sobre mi madre. Dir. Pedro Almodovar. 1999








Hace unas semanas  cumplimos un año viviendo en Miami. Estoy contenta. Creo que es buena señal. He descuidado este blog, así como otros asuntos. Me parece que tengo tiempo reinventandome, saqueandome, recargandome. Quizá para aquella inseguridad que me acompaño durante tanto tiempo sea un golpe duro. Pero la vida te dejan claro que al final lo que importa no es tanto cuanto te acepten los demás, sino cuanto te aceptas tú. Todo lo demás es adorno. 
Busco en mi cabeza una lección que me haya dejado este año. Pero lo único que pienso es que he intentando ser feliz, sin tantos peros, sin tanta culpa, sin pensar mucho. Estamos claro que no es de esos própositos que cambien el mundo, pero sin lugar a duda ha cambiado mi vida, sonreir me hace ser mejor persona, o al menos eso creo.
He aprendido a gozar con cosas sencillas, correr me hace feliz, ver el amanecer, abrazar a Fidel, reír con Mariana, chismear con mis amigas (las de Miami y las de Caracas) conversar con mi familia, un mensajito de texto, ya no espero grandes cosas. De hecho valoro mis pequeñas cosas del día a día. Y me he dado cuenta que las cosas que recuerdo de mi amada Caracas, son esas, las sencillas, los momentos, los cielos, la vista de Pico Oriental, los gritos de mis hermanos, las risas de mis sobrinos, las voces de papá y mamá,  y el olor a café recién colado en las mañanas. Solo ahora me doy cuenta que la cotidianidad nos llena la vida de momentos y muchas lecciones, y agradezco el darme cuenta. 
Pienso ahora en todo el lío que  armé cuando me mudé, esa sensación de vacío y soledad, de hace un año, de hace seis meses, o de hace 15 minutos cuando caí en cuenta que mi hermana se va pasado mañana y concluyo que siempre sentiré ese hueco, por eso lloré tanto el primer día de colegio, y el segundo, y el tercero, y el resto de los días hasta el postgrado, pero así soy, lo bueno es que lo enfrento, lo lloro y sigo adelante, ya no juego más a la valentona, así soy y así he sido siempre, creo que todavía hay muchas cosas que puedo cambiar de mí, pero no creo que esta sea una de esas.
Solo puedo decir que me siento muy agradecida por todo lo que he vivido, por las lagrimas que he derramado por soledad, extrañando lo que jamás dejaré de extrañar, sintiendo la tierra que me vio nacer, siendo más venezolana que nunca, los que me conocen saben que no tuve que salir de Venezuela para amarla, sentirla, adorarla. Pero como dice mi Bro, en la vida hay que sumar y no restar y eso he hecho. He sumado risas, momentos, lugares, días, amigos, amigas que me esperaron en el tiempo, amigas que se unen a ese grupo de mujeres hermosas y maravillosas que siempre han estado conmigo, porque la distancia física es irreal, las almas no se separan nunca, una vez que se encuentran. He sumado experiencias y kilómetros.
Miami fue la salida del área de confort, pero me ha permitido encontrarme conmigo, parece absurdo que haya tenido que salir de casa para detenerme a vivir un día a la vez. Miami ahora es casa,  entonces recuerdo que la casa es una estructura de concreto, mi hogar está donde Fidel y Mariana me puedan llenar de amor, y eso nada tiene que ver con geografía, sin embargo... aun extraño la Montaña.-


1 comentario:

  1. "las almas no se separan nunca, una vez que se encuentran"... Te quiero Ballo!

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