jueves, 5 de mayo de 2011

Una mujer...



Si tuviera que humanizar a Venezuela, sin pensarlo dos veces estoy segura que sería mujer, es demasiado compleja para el cerebro práctico masculino. En mi cabeza es una mujer mestiza, obviamente, nacida de la unión de lo que en historia conocemos como blanco criollo y una indígena, o negra, o mulata. Se empeño en nacer, a pesar de esa relación ilícita que tenían sus padres y tan poco aceptada por la sociedad de la época, sin embargo fue una niña amada y feliz.
Físicamente no puede ser una Miss, pero sí es de buena figura y voluptuosa, sin caer en lo vulgar, es educada porque sus padres la criaron niña de bien. Tiene un corazón grande como sus sueños pero también un grave defecto, mala cabeza para escoger a los hombres de los que se enamora, y cada uno se ha aprovechado de ese amor, para quitarle las dotes que su padre invirtió en ella, para engañarla con promesas que nunca le cumplieron y para dejarla con más hijos necesitados.
Ah!, porque se me olvidaba decirles ella es madre, no solo de los que parió, sino de cuanto muchachito vino y toco su puerta, en tiempos mejores, cuando ella era una gran señora y las madres de estos niños no tenían como alimentarlos, estos niños cruzaban las calles y arriesgaban sus vidas para ir a pedirle un poquito de lo que ella tenía y que su marido de turno ostentaba. Y a cada uno de estos hijos no solo alimento, sino que acuno, cobijo y cuido como si ella misma los hubiera parido, los adoro aun cuando ellos ya convertidos en grandes señores reniegan de ella, y no pierden oportunidad para despreciarla y decir a viva voz, que sí, que ella tenía dinero y recursos, pero ellos le dieron un mejor estilo a su vida, y no solo la desprecian a ella, sino a esos hermanos de crianza que compartieron la dulzura de su madre, nada, que de mal agradecidos esta lleno el mundo, pero a Venezuela eso no le importa, sigue diciendo con orgullo: "esos también son mis hijos, y todo se los perdono”, inclusive hay quienes han vuelto con sus madres y a ellas les dan todo el crédito de lo que ahora son.
Venezuela cree mucho en esos hombres que le prometen un mejor futuro para sus hijos, se enamora, se embelesa y ahí es cuando se pierde, aguanta cualquier tipo de maltratos, a los amigotes que se quedan hasta tarde en la casa invitados por el marido, los juegos, las parrandas, las mentira, siempre esperando que de verdad le cumplan con las promesas que le hicieron cuando la estaban enamorando, y el hombre de turno ya no es como antes no le compra helados a los niños mas pequeños y a los mayores pues de esos ya ni se acuerda, ella lo sufre en silencio.
Es una mujer de lucha y de sueño, es joven, esta viviendo lo que mujeres y hombre mayores ya vivieron en otras épocas, que sea noble no la convierte en una tonta, ella sabe, ella ve, ella oye. Espera el momento justo para decir: “hasta aquí” y de verdad será hasta ese momento, y una vez más sus hijos darán la cara por ella, y la defenderán como una fiera herida, de los abusos y del maltrato, de la arrogancia y de la desidia. Ella sufrirá el desengaño y se lo recriminará.
Llorará amargamente por haber creído, que ese hombre podría ayudarla a solucionar la cantidad de problemas que le ocasionan sus desordenados hijos, sin embargo un día se mira al espejo y se vuelve a descubrir como la mujer hermosa que es, se da cuenta del amor tan grande de quienes la engendraron, del amor tan grande que siente por todos sus hijos, los propios y los adoptados, los que se quedaron y los que se fueron, quienes la adoran y quienes la repudian, mira su cuerpo y descubre en cada parte de su piel todo los dones que Dios le dio, mira hacia dentro y se da cuenta que no hay rencor solo amor, allí mismo en ese espejo se da cuenta sobre sus tacones, que ella y sus hijos saldrán adelante, como lo hicieron otras tantas veces a través de la historia y que a pesar de todo lo vivido, nunca nadie le quitara lo bailao.

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