
"Desde que naciste, me siento flamante,
como si me hubieras prendido.
Mi cuerpo desinhibido, de vanidad eximido.
Mi cuerpo valiente parió a su pariente"
Del 1 al 7 de agosto se celebra en América la semana de la lactancia materna. No lo sabía, es otra de esas cosas que una va descubriendo cuando el mundo se le expande, así como se expande el vientre cuando uno tiene un bebé dentro. Llevo ocho meses amamantando, me siento feliz, dichosa y orgullosa, por mí y por mi hija. Sin embargo recuerdo cuando todo empezó.
Durante el embarazo me informé todo lo que pude a través de libros sobre los beneficios de la lactancia y de cuáles eran las mejores técnica para hacerlo, que si era un proceso natural, que todas las madres deben poder, que es lo mejor para el bebé, yo tenía mucha ilusión, me imaginaba amamantando, sonriente, feliz, dichosa. La realidad inicial fue otra.
Lo primero que hice al tener a Mariana en mis brazo fue ponerla en el pecho, según los libros ella debía succionar, ahora que lo recuerdo ella estaba tan aturdida, imagino yo, que tratando de descifrar por qué ella estaba por un lado y yo por el otro, si solo cinco minutos antes estábamos conectadas a través del cordón umbilical. Luego ya en la habitación la puse de nuevo en mi pecho y ella se durmió, hoy sé que fue mas por el olor conocido y el cansancio, y no por estar tomando leche como me hizo creer la "experta" en lactancia de la clínica.
Fue un duro camino para mí iniciar la lactancia, mi mamá me apoyo mucho, me dijo que era necesario que me tomara el tiempo para aprender a amamantarla, que no pasaba nada que le diera tetero mientras tanto, que no creyera que ella después no iba a tomar el pecho, que cada persona y cada bebé es distinto, que Mariana se iba a pegar porque para los bebés es fundamental estar pegaditos a su mamá. Mi amiga Lisette se caló la otra parte de la cantaleta y hasta vino el 24 de diciembre a ayudarme con las posturas que era lo mas difícil para mí, porque a Dios gracia, mis pechos estaban llenos. Formalmente comencé a amamantar a Mariana, más de una toma, y a suplir los teteros alrededor del 2 de enero, y me costaría algún tiempo más empezar a disfrutarlo, pero lo logré.
Hoy en día agradezco a Dios lo terca que puedo ser, si bien a veces mi terquedad es engorrosa, fastidiosa y saca piedra, es esta una de esas ocasiones en las que me alegro de ser terca, o como dice mi adorada profe de yoga, voluntariosa. Amamantar a Mariana ha sido una experiencia única, de comunicación, entrega y conexión, un momento íntimo que hemos compartido las dos, y que creo es la base de como será nuestra relación, franca, paciente y sobre todo muy a nuestro estilo.
En algún momento de estos ocho meses, estando sentada en la sala de espera del pediatra, habíamos varias mamás, desde recién nacidos hasta seis meses, y no hubo una sola que no dijera que fue difícil, que lloraban mucho, que dolía, que no sabían que hacer, que más de una vez pensaron en abandonar, pero estas mujeres también era voluntariosas. Ojalá en algún momento, estos grupos que celebran la semana de la lactancia materna, o que dan apoyo a las mujeres durante el proceso, partieran desde el objetivo general de explicar que no es tan sencillo como lo dicen los libros, que conlleva un proceso físico de sensaciones nuevas, y procesos emotivo que te enfrentaran con nuevos sentimientos y nuevas emociones.
He aprendido a lidiar con mis emociones y sensaciones, la he amamantado durante ocho meses, estamos poco a poco dejando el pecho, pero me siento feliz porque ha sido a nuestro ritmo, ella estuvo lista antes que yo, para complacerme, aún seguimos en una toma, tempranito en la mañana, acurrucaditas las dos, ella tomando mi mano y yo besando su carita a cada rato, si ella hubiera querido más, sin importar las opiniones de las personas que les parece exagerado amamantar a un niño más allá de los 6 meses, lo hubiera hecho, porque ninguna opinión es para mí más importante que la necesidad de mi hija.
Ha sido maravilloso, único e irrepetible porque creo que con cada hijo será distinto. Me alegra que exista una semana dedicada a reflexionar y educar sobre la importancia de la lactancia, todos los beneficios para el bebé y todos los beneficios para una, lo maravilloso de reafirmar que nuestros cuerpos son perfectos, no solo cobijan un ser sino que además desarrolla la capacidad para alimentarlo, para sentirse parte de la creación, para entender el amor, para sentirse Dios.
"Tú circulaste por mí, hiciste un camino divino
abriste un túnel, destapaste mi destino.
Tú me has dado el soplo de la creación,
eres energía luz del sol.
Tú me has deletreado la palabra amor:
a eme o ere ce i t o"
Amamantar es simplimente perfecto... Es una conexión única, que perdura toda la vida... Justo a los 8 meses tuve que dejar de amamantar a Ricardo y no porque yo o él quisieramos, sino porque el trabajo así nos obligó...
ResponderEliminarSi hubiese podido dar pecho por más tiempo a mi amado bebe, lo hubiese hecho por lo menos hasta su primer añito.
Pero con el tiempo he aprendido que "EL TIEMPO DE DIOS ES PERFECTO"
Las amo a las dos